Hoy hace 18 años en una tarde soleada de otoño, te fuiste de mi lado, en
silencio y sin poder despedirnos.
Tu más que nadie sabe el dolor que he sentido desde tu partida. Me has
mirado llorar y me has escuchado decir tu nombre una infinidad de veces en
estos últimos 18 años.
Y aunque cuando te recuerdo me es inevitable sentir tristeza y llorar, poco
a poco lo voy superando y es así que poco a poco las lagrimas que caen dejan de
ser amargas y se van convirtiendo en lagrimas dulces, por la felicidad y la
alegría que conocí a tu lado pero por sobre todas las cosas, son dulces por ese
amor especial que tú y yo compartimos.
Te extraño mucho abuela. Siempre estás en mi mente y en mi corazón.
UA.

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